Hace unos días vi la nueva película de Superman en el cine, una película de acción. Es común que las películas de este género estén cargadas de explosiones y efectos especiales, pero esta última me hizo pensar en lo sobrecondimentadas que están muchas de las películas recientes. Lo malo no es eso por sí mismo, sino que no haya una opción diferente en cartelera.
Una vez vi un documental sobre cómo hacían las grandes compañías para diseñar los sabores de las papas tostadas y tortillitas. La idea es que al meterlas a la boca y masticarlas se exciten todos los sensores de sabor lo máximo posible, pero que al tragar no quede rastro. Las industrias invierten millones y millones de dólares para lograr esto porque inmediatamente tragada la papita, se quiere otra. Así se consumen más.
Esa estrategia es la misma que utiliza la coca cola o la pizza de las empresas de comida rápida. Comida sobrecargada en condimentos y sabores artificiales (carne que no sabe a carne y salsa que no sabe a tomate), hechas para casi aturdir el paladar cada vez que se injieren. La gente se acostumbra a querer solo comida así, aunque como alimento nutritivo nadie la recomiende.