Tengo la costumbre de leer medios como Rebelion.org para informarme de conflictos que suceden en el mundo y doy por un hecho que es una buena práctica. Lo impresionante es que me puedo indignar, sufrir o alegrarme con hechos lejanos, pero ¿para qué?
Algunos de estos problemas suceden en contextos tan distintos al de mi Cartago como el Medio Oriente: la guerra civil en Siria, las primaveras árabes o el conflicto Árabe-Israelí. Otros idiomas, otros climas, otras gentes. Personas con otra historia y otra geografía, pero que han sufrido verdaderos dramas humanos.
Una primera explicación podría ser eso de que “hombre soy, nada humano me es ajeno” de un romano que vivió hace ratillo. Es decir, me pueden preocupar todos los acontecimientos que involucren humanos. Solo que sería una tarea inacabable enterarse de todo lo que le ha pasado y sigue pasando a la humanidad, por lo que hay que ponerles prioridades. Hasta suena mal decirlo, pero creo que no podríamos tener presente todos los dolores humanos del mundo.
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viernes, 28 de junio de 2013
domingo, 2 de junio de 2013
Los hijos bastardos de la globalización
No sé lo que es globalización
No sé lo que son derechos humanos
Solo soy un eslabón, una pieza más de un
puzzle macabro
La
globalización tiene hijos e hijas que pagan el peor precio por la abundancia en
otras regiones del mundo que no conocerán. Cuando las grandes transnacionales se
van a buscar mano de obra barata, producción barata y política barata, terminan
con muertes.
Quiero
recordar en esta publicación una evidencia de esto: más de 1100 personas que
fallecieron aplastadas cuando se derrumbó el edificio de fábricas donde 'trabajaban'. Es decir, donde eran explotados y explotadas como esclavas. Hijos bastardos de la globalización, como nos canta Ska-P.
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